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México crece poco y el dinero inteligente cobra por esperar

Revolution Daily · 25 ago 2026 · 10:24

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La trampa del 2%

El mercado leyó hoy resiliencia: la inflación en México regresó a 3.26% dentro del rango y su PIB rebotó a 1.4% trimestral tras el trimestre en rojo. Yo leo lo contrario. Con un crecimiento anual de apenas 2.1% y precios que dejaron de ceder, México no se está estabilizando, se está anclando. Lo que nadie tiene en precio es la duración de esa combinación: tasas altas por mucho tiempo con una economía que no acelera. Eso premia estar largo en tasa fija en pesos y castiga a los cíclicos locales atados a la inversión. La estabilidad que celebran es el nombre elegante del estancamiento.

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* Por qué la pausa de Banxico no es prudencia sino miedo, y qué activo mexicano redefine.

* Visa toca máximos mientras el mercado mira hacia otro lado. Te explico qué está comprando en realidad quien la compra.

* Japón se endeuda como nunca por la IA, Micron se desploma por una filtración, y Broadcom empieza a asustar a los tenedores de bonos.

* La diferencia entre tener un estilo y hablar un idioma.

La pausa que no es prudencia

La inflación general de México repuntó a 3.26% anual en la primera quincena de agosto, todavía dentro del rango de Banxico. Pero el dato que casi nadie subrayó no fue ese titular, sino la inflación subyacente en 3.93%, la que mide el corazón estructural de los precios y que apenas cedió. Al mismo tiempo, las actividades secundarias mexicanas, la industria y la manufactura, crecieron 0.95% anual. Ese contraste lo dice todo: la parte de la economía que produce cosas está casi detenida, mientras el costo de la vida se niega a bajar.

Lo que eso implica es incómodo. Banxico no tiene margen para recortar con prisa. El consenso apunta a una tasa clavada en 6.50% hasta bien entrado 2027, no por fortaleza sino por miedo: aranceles que pueden trasladarse a precios y un salario mínimo que presiona los servicios. México entra así en su tercer año consecutivo creciendo por debajo de su promedio histórico de 1.9%, con proyecciones de apenas 1.3% para este año. No es un bache. Es una nueva velocidad de crucero.

Y aquí está lo que el mercado todavía no incorpora. Se sigue tratando la pausa de Banxico como una anécdota de renta fija, cuando en realidad redefine qué activo mexicano vale la pena tener. Con crecimiento anémico y tasas ancladas, el rendimiento real vive en el carry, no en el crecimiento. Los Cetes y los bonos M en pesos pagan por esperar. Los Udibonos protegen contra una subyacente que no cede. Lo que pierde atractivo es la promesa cíclica, la apuesta a que la economía real despegue. Esa historia lleva tres años sin cumplirse.

Cuando una economía deja de crecer pero sus precios no ceden, el dinero inteligente deja de perseguir el rebote y empieza a cobrar por la espera.

El peaje que nadie ve

Visa tocó los $380.52 dólares, un máximo de 52 semanas, subiendo 2.6% desde su cierre previo de 371.04 dólares, y lo hizo en un día en que el S&P 500 cedía 0.3% y el Nasdaq retrocedía 0.6%. El mercado registró el movimiento como “acción de pagos en racha”.

Visa no es una acción de crecimiento tecnológico. Es un peaje. Cobra una fracción de cada dólar que se mueve en el planeta, y ese flujo no depende de que la economía brille, solo de que la economía exista. Por eso el trimestre reportó ingresos creciendo 14% hasta 11.6 mil millones de dólares y una ganancia por acción de 3.32 dólares que superó al consenso. No vende una promesa, vende inevitabilidad.

Lo interesante es quién está comprando esa inevitabilidad. Bill Ackman reveló una posición cercana a 1.1 mil millones de dólares. Cuando un inversionista de convicción entra a un negocio “aburrido” en pleno frenesí de inteligencia artificial, no está apostando a una moda, está comprando el cobro de una renta perpetua sobre el consumo global. Mientras todos discuten qué chip ganará la próxima década, el negocio que se lleva su comisión sin importar quién gane sigue componiendo en silencio.

En un mercado sin dirección clara, el activo que sube cuando todo lo demás duda no es una casualidad, es una pista sobre dónde se está refugiando el capital que piensa en años, no en semanas.

Es lo que los cuatro mayores actores de la carrera por los centros de datos se han comprometido a invertir en inteligencia artificial.

No lo leas como ambición. Léelo como apalancamiento. Esa cifra ya no se financia solo con caja, sino con deuda y estructuras circulares. El número que el mercado celebra como visión es, en realidad, el tamaño del riesgo que aún nadie ha marcado a precio.

SoftBank se endeuda como nunca por OpenAI

SoftBank prepara la mayor emisión de bonos minoristas jamás hecha por un emisor en Japón: 1 billón de yenes, unos 6,300 millones de dólares, a siete años y con un cupón que rondaría entre 4.3% y 4.9%. El destino es cumplir sus más de 60,000 millones de dólares comprometidos con OpenAI. Y aun después de colocarlos, enfrenta un déficit superior a los 20,000 millones. La compañía carga una calificación BB+, un escalón por debajo del grado de inversión.

Lo que importa: cuando la ambición supera a la caja, la deuda deja de ser palanca y se vuelve dependencia. El apetito minorista está financiando una apuesta que los bancos ya no quieren asumir.

Micron se hunde por una filtración de fin de semana

La acción de Micron cayó 7.8% tras reportes de que la administración estadounidense p

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