Sigue tus pódcasts favoritos, escucha sin conexión y en el coche con CarPlay y Android Auto, y continúa siempre donde lo dejaste. Pruébala gratis.
En 1956, un estudiante universitario logró engañar a 30.000 personas y al mismísimo alcalde de Sydney: le entregó como llama olímpica una pata de silla pintada de plateado con unos calzoncillos viejos en llamas adentro. La multitud esperaba la antorcha real de los Juegos Olímpicos de Melbourne… y casi nadie se dio cuenta. Una broma épica que pasó a la historia, y que nos recuerda que las mejores historias a veces terminan en una ovación, aunque el examen lo hayas reprobado.