Nadie discute la gratitud. Se enseña antes de saber leer: di gracias, no muerdas la mano que te dio de comer. Y como todo lo que se aprende sin examen, funciona en automático. El problema no es agradecer. El problema es que hay personas que descubrieron que un favor bien colocado rinde más que un salario, porque la gratitud, mal entendida, no se paga nunca: se renueva.
Este ensayo no ataca la gratitud. Ataca su versión deformada: la que convierte un favor en una hipoteca sin fecha de vencimiento.
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