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El boxeador abre su guardia al lanzar una ráfaga o, por fatiga acumulada, deja caer las manos a la altura del pecho. Además, suele quedarse estático en la "zona de tráfico" justo después de terminar su combinación. En ConsecuenciaQueda completamente expuesto a recibir una contraderecha o un golpe de encuentro en el momento de mayor vulnerabilidad: la transición entre su propio ataque y la salida. Siguenos para mas en el legado del jab, profesor Jorge Drouillas