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El problema se manifiesta cuando el boxeador recurre a malos hábitos corporales para desplazarse o esquivar golpes, como cruzar las piernas al dar pasos laterales o inclinarse bruscamente hacia atrás desde la cintura en lugar de mover los pies. Esta falta de disciplina postural destruye instantáneamente la base de apoyo. Al cruzar los pies, el atleta anula el ancho de su postura y queda completamente desequilibrado en una línea estrecha; al echar el torso hacia atrás sin un desplazamiento coordinado, el peso corporal se va a los talones y la cabeza queda fija en la línea de fuego, convirtiéndose en un blanco fácil para los ataques continuos del rival.