Una reflexión cristiana para quienes quieren salir del gota a gota: el clamor del que sufre, la responsabilidad de quien debe y el llamado de Dios a tratar con misericordia al necesitado. Quiero ser libre del gota a gota, te ayudará a resolver la agónica situación de deudas en la que te encuentras.Hay personas que trabajan desde muy temprano y, cuando termina el día, sienten que todo lo que produjeron ya tiene dueño. Llega el cobrador, se lleva la plata y mañana toca volver a empezar. Trabajan, se cansan, se angustian, pero no sienten que estén avanzando.En el devocional comparé esa situación con una trotadora: usted corre, se desgasta y sigue en el mismo lugar. Así se siente mucha gente atrapada en el gota a gota.Y a la deuda se le suma el miedo. Miedo de que llamen. Miedo de que lleguen a la casa. Miedo por los hijos. Miedo de que el esposo o la esposa se enteren de algo que lleva meses tratando de resolver a escondidas.Si ese es su caso, quiero que hoy escuche esto: su sufrimiento no es invisible para Dios, y una deuda no le quita su dignidad. Necesita ayuda, necesita dirección y también necesita examinar qué decisiones debe cambiar. Pero no tiene que enfrentar todo esto en silencio.Vamos a hablarle al que debe y al que presta. Porque Dios ve los dos lados de esta historia: conoce al que se aprovecha de la necesidad ajena y conoce al que recibió ayuda y ahora se esconde para no responder.
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