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P. Santiago (Colombia)
A veces la envidia no consiste en querer quitarle algo al otro. Es más sutil: pensamos que nosotros merecemos más. “Yo llevo más tiempo. Yo me he esforzado más. Ya se darán cuenta”. En la parábola de los trabajadores de la viña, Jesús desenmascara esa comparación, pero nos invita a mirar todavía más profundo: «¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?». El centro no es solamente nuestra envidia; es la bondad de Dios. Una bondad que busca, espera, perdona y vuelve a dar oportunidades. La misma bondad del padre del hijo pródigo. Hoy queremos pedirle a Jesús no simplemente ser menos envidiosos, sino parecernos más a Él.