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P. Giancarlos (México)
Las palabras de Jesús no dejan indiferente. Un fariseo, movido por una mezcla de admiración y curiosidad, lo invita a comer a su casa. El Señor se sienta directamente sin lavarse las manos. La admiración se transforma al instante en crítica interior. Jesús nos quiere limpios por fuera, sí, pero nos quiere principalmente limpios por dentro. Pidámosle a la Santísima Virgen que nos ayude a mantener limpia nuestra casa interior.