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P. Santiago (Colombia)
Todos hemos experimentado el hambre. El hambre de una caminata, el hambre después de una jornada larga de trabajo o de estudio. Pero el Evangelio de hoy nos descubre otra realidad: Jesús también tiene hambre. Hambre de corazones generosos. En la multiplicación de los panes, el verdadero milagro comienza cuando alguien se atreve a poner en sus manos lo poco que tiene. Esta meditación es una invitación a preguntarnos, delante de Jesús: ¿qué estoy guardando para mí que podría alimentar la vida de los demás?