Revolution Daily · 25 sept 2026 · 9:53
Escucha en la app Podli 🎧
Sigue tus pódcasts favoritos, escucha sin conexión y en el coche con CarPlay y Android Auto, y continúa siempre donde lo dejaste. Pruébala gratis.
El siglo de los peajes
El mercado leyó la jornada como una colección de alivios: tregua comercial extendida, reglas claras para las stablecoins, un banco central mexicano en pausa. Esa lectura es cómoda y equivocada. Lo que vi fue otra cosa: el poder migrando hacia quien controla un paso obligado. Pekín con sus tierras raras, Qualcomm con sus patentes, la Fed decidiendo qué respalda un dólar digital, Google buscando energía fuera del planeta porque en tierra ya no alcanza. La calma es superficial y la concentración de palanca es profunda.
Lo que nadie tiene en precio todavía es que, en esta década, el retorno de largo plazo lo capturan los dueños de los cuellos de botella, no quienes dependen de ellos.
¡Ahora también nos puedes escuchar en Spotify!
Síguenos y mantente al día con la mejor lectura del mercado diariamente.
* Una bienvenida histórica en Washington que revela más de lo que su anfitrión quisiera.
* Apple intentó liberarse de un proveedor y descubrió que nunca fue solo un proveedor.
* Google mira al cielo buscando lo que en tierra ya no consigue, la Fed decide qué puede sostener a un dólar digital y Banxico toma distancia.
* Por qué tus mejores argumentos casi nunca convencen a nadie.
La alfombra roja también se cobra
Estados Unidos y China acordaron extender dos meses su tregua comercial, con una nueva fecha límite el 10 de enero, justo cuando Xi Jinping aterrizaba cerca de Washington para su primera visita de Estado en once años. Trump lo recibió en persona en la pista de la Base Conjunta Andrews, algo que ningún presidente estadounidense había hecho con un líder extranjero, fuera del papa, desde que Kennedy saludó a Macmillan en 1962. El propio Scott Bessent reconoció que no sabe si habrá un acuerdo más amplio.
El mercado leyó cordialidad. Yo leo asimetría. Xi llega después de haber usado el dominio chino sobre las tierras raras para arrancarle concesiones a Trump durante la guerra arancelaria del año pasado. Trump, en cambio, llega con una lista de pendientes: compras agrícolas, aviones y un canal de diálogo sobre inteligencia artificial. Julian Gewirtz, de la Universidad de Columbia, lo resumió bien al señalar que la visita de Estado solía ser la moneda de cambio de Washington y que la dinámica parece haberse invertido. Ni siquiera viaja una comitiva de ejecutivos chinos que permita presumir grandes contratos.
He estado en suficientes negociaciones para saber que quien regala la escenografía antes de sentarse suele regalar algo más después. Lo que el mercado todavía no tiene en precio es que una tregua renovada cada pocos meses no es paz: es un calendario. Convierte los aranceles en una opción que Pekín puede ejercer cuando le convenga, mientras las fricciones de fondo siguen intactas, desde Taiwán hasta las piezas de aviones F-35 desviadas a Hong Kong que el gobierno chino terminó incautando. Para el inversionista de largo plazo, la prima de riesgo sobre las cadenas que dependen de insumos chinos no desapareció con la foto en la pista. Solo se mudó a enero.
La tregua no elimina el riesgo, le pone fecha de vencimiento. Y esa fecha la administra quien controla los insumos.
Un cobrador que no necesita vender chips
El mercado lleva años mirando a Qualcomm como un proveedor de hardware a punto de perder a su mejor cliente. Apple compró el negocio de módems de Intel y comenzó a migrar hacia sus propios chips celulares C1. La conclusión parecía obvia: cuando el iPhone deje de usar silicio de Qualcomm, se acaba la relación.
La renovación del acuerdo global de licencias de patentes entre ambas, vigente a partir del 1 de abril de 2027, desmonta esa lectura. Qualcomm posee patentes fundamentales para la conectividad celular moderna, así que Apple puede fabricar su propio chip, pero no puede fabricar su propio estándar. Ya lo intentó por la vía dura: en 2017 demandó a Qualcomm por regalías que consideraba excesivas y dos años de pleito terminaron en un acuerdo en 2019. La historia se repite ahora sin tribunales.
Construyendo productos financieros aprendí que un cliente puede cambiar de proveedor en casi todo, excepto en la infraestructura que no controla. Ahí vive el verdadero poder de fijar precios. La acción subió apenas 0.2% en una jornada en que el Nasdaq 100 caía, y esa reacción tibia revela que el mercado todavía no separa los dos negocios: el de vender chips, expuesto a la sustitución, y el de cobrar por usar un idioma que nadie más puede hablar.
Para el inversionista de largo plazo, la pregunta relevante sobre Qualcomm no es cuántos chips le compra Apple, sino cuánto tiempo más nadie podrá conectarse sin pagarle.
Es la energía solar que, según Google, podría generar un satélite en órbita terrestre baja frente a paneles instalados en tierra.
El cuello de botella de la inteligencia artificial ya no es el silicio, sino el kilovatio y el permiso. Cuando una empresa prefiere subir sus chips al espacio antes que pelear por terrenos y redes eléctricas, el activo escaso deja de ser la tecnología y pasa a ser la infraestructura física que la alimenta.
La nube encontró un atajo sobre la atmósfera
Google lanzó el Proyecto Suncatcher y prepara un satélite prototipo con sus TPUs Trillium para la misión Transporter-18 de SpaceX, en alianza con Planet Labs. En pruebas en tierra, sus chips resistieron una dosis de radiación superior a la de un ciclo orbital típico de cinco años, aunque el espacio real sigue siendo la prueba definitiva. La segunda prueba, con varios satélites interconectados, llega en 2027, el mismo horizonte en que SpaceX planea producir en masa satélites habilitados con IA desde su fábrica en Bastrop, Texas