Revolution Daily · 15 jul 2026 · 8:56
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El espejismo de junio
El mercado leyó una sola cosa: la inflación cedió, la Reserva Federal puede relajarse. Mi lectura es otra. La desinflación de junio es prestada. La baja nació de una tregua en Medio Oriente que ya se rompió, y el crudo vuelve a subir. El dato que todos celebran es el menos duradero de todos. Mientras tanto, el capital rota a plena luz: sale del software hacia el hardware, sale del margen de crédito hacia los mercados de capital.
Lo que casi nadie tiene en precio es lo contrario de lo que festeja: que las tasas no tocaron techo. Ganan las mesas de trading y el cómputo, no los nombres sensibles a tasas.
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* Por qué el número que enamoró a los mercados tiene fecha de caducidad, y qué dijo Warsh que nadie quiso escuchar.
* IBM se derrumbó como no lo hacía en casi seis décadas, y aun así Wall Street no soltó la acción. Te explico la diferencia entre un susto y una sentencia.
* El castigo contable a GAP, la salida a bolsa que rompe el monopolio de Silicon Valley, y una banca que voló sin ayuda del crédito.
* Un apunte sobre el dolor más subestimado que existe.
La desinflación con fecha de caducidad
El índice de precios al consumidor de Estados Unidos se ubicó en 3.5% interanual en junio, por debajo del 4.2% de mayo y del 3.8% que anticipaban los analistas. La caída mensual de 0.4%, la primera desde 2020, se explica casi por completo por el desplome de 9.7% en la gasolina, herencia de una tregua diplomática con Irán. El subyacente, sin embargo, apenas cedió a 2.6%.
Ahí está la trampa que el aplauso ignora. El alivio vino de la energía, y la energía ya cambió de dirección: las hostilidades se reanudaron, el estrecho de Ormuz volvió al tablero y el Brent superó los 87 dólares por primera vez en un mes. El componente que bajó es sobre el que menos control tiene la política monetaria. El que se resiste, el subyacente, sigue lejos de la meta de 2%.
Kevin Warsh lo entendió y no regaló nada en su comparecencia. Sostuvo que el comité no tolerará una inflación persistente y recordó que la Fed mantuvo su tasa en el rango de 3.5% a 3.75% por cuarta vez consecutiva. Aprendí hace tiempo que un banquero central que no celebra un buen dato está diciendo algo entre líneas: no confía en él. Nueve miembros del comité todavía ven al menos una subida este año.
El mercado está descontando el fin del ciclo restrictivo. Lo que casi nadie tiene en precio es el escenario inverso, un alza, alimentada por un petróleo que vuelve a encarecerse justo cuando la narrativa daba por muerta a la inflación. El dato que celebran es el más frágil de todos.
Cuando el castigo no es sentencia
IBM sufrió el martes su mayor desplome intradía desde 1968. El titular invita a leerlo como el derrumbe de una compañía que perdió el paso. Es una lectura superficial.
No hubo una pérdida. Hubo un preanuncio: los ingresos preliminares del segundo trimestre llegaron a $17,200 millones de dólares frente a los $17,900 millones esperados, porque varios clientes desviaron presupuesto hacia servidores, almacenamiento y memoria antes de nuevas alzas de precios. Dicho de otra forma, el hardware de la era de la inteligencia artificial se está comiendo el gasto en software. La debilidad de IBM no es un problema exclusivo de IBM, es la primera factura visible de un ciclo que reordena hacia dónde va cada dólar corporativo de tecnología.
Por eso Wall Street no se movió del guion. El 68% de los analistas mantiene la recomendación de compra, con un precio objetivo medio de $300, un 35.2% arriba de los $221.90 a los que cotizaba. Evercore lo sostuvo en $310 y Oppenheimer llegó a subirlo a $350. La generación de caja no se rompió: $4,800 millones de flujo libre en el primer semestre, con Red Hat creciendo cerca de 11%.
Vi muchas veces al mercado confundir un tropiezo de ejecución con un deterioro estructural, y castigar por reflejo lo que era coyuntura. La reasignación de gasto es real, pero un descuento sobre un preanuncio, no sobre resultados, abre una ventana para el inversionista de largo plazo que sabe distinguir una cosa de la otra. El castigo mide el susto, no el valor.
Fueron las ganancias netas de Goldman Sachs en el segundo trimestre.
Casi duplicar la utilidad en un trimestre marcado por la volatilidad geopolítica y la disrupción de la IA revela quién cobra el caos: no el ahorrador, sino el intermediario. La misma incertidumbre que vacía la confianza de los hogares es la materia prima que engorda a la banca de inversión.
Grupo Aeroportuario del Pacífico inauguró la temporada de reportes en México y el mercado lo castigó: la acción GAPB cayó 5.2%, a 387.01 pesos. La utilidad por acción retrocedió 6.4%, a 4.66 pesos frente a los 5.11 esperados, golpeada por la dilución de casi 90 millones de acciones nuevas emitidas en la fusión con el Cross Border Xpress. Los ingresos subieron 3.7%, presionados por un peso 10.9% más fuerte y por Jamaica. Aun así, el margen operativo se expandió.
Lo que importa: el mercado castigó una métrica contable, no el negocio.
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