ESTRATEGIA EN JUEGO · 21 abr 2026 · 19:10
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Hay una escena que cualquier director de crédito en México conoce aunque nunca la haya visto en un deck de inversionistas. Es la del vendedor de changarro —ferretería, papelería, carnicería, da igual— que tiene pegado en el mostrador, con cinta adhesiva y letra de imprenta, un papel que dice: “Crédito solo a clientes de confianza. Pregunta.” Sin tasa. Sin plazo explícito. Sin buró. Sin app. El sistema financiero más antiguo del país, operando en paralelo a todo lo que el sector celebra en sus convenciones.
Mientras tanto, en los paneles de fintech de 2025, la narrativa dominante era otra: el BNPL había llegado para democratizar el crédito, incluir a los excluidos y, de paso, desbancar a los bancos. Kueski lleva trece años en el mercado y ha levantado USD 323 millones. Aplazo amplió su línea con BBVA Spark a USD 50 millones en abril de 2026. Durante el Buen Fin 2025, el BNPL fue el quinto método de pago más elegido, con el 12% de las preferencias. El mercado alcanzó USD 3.98 mil millones en 2025 con una tasa de crecimiento del 29% anual. Los números son reales. El momentum también.
Y sin embargo: el 40% de los usuarios de Aplazo no tiene historial crediticio. El 70% no tiene ningún otro producto financiero formal. La penetración del BNPL en el comercio físico —donde ocurre el 78% de las transacciones mexicanas— es del 1%. El papel con cinta adhesiva en el mostrador de la ferretería sigue ahí, tan vigente como siempre. La tesis de este análisis es que la brecha entre esas dos historias no es un problema de ejecución ni de tiempo. Es un problema de sesgo cognitivo: el sector está confundiendo el trabajo que el BNPL ya hace bien con el trabajo que todavía no puede hacer —y esa confusión está produciendo proyecciones que el mercado real no va a cumplir al ritmo que los roadmaps prometen.
Dos trabajos distintos, una sola promesa.
CLAYTON CHRISTENSEN — JOBS TO BE DONE
* Christensen propuso que los consumidores no compran productos: los contratan para que hagan un trabajo específico. La pregunta no es “¿qué es el BNPL?” sino “¿qué trabajo contrata el usuario cuando elige BNPL en lugar de TDC, efectivo o crédito personal?” Identificar ese trabajo con precisión cambia completamente el análisis de mercado potencial y de barreras de adopción. Confundir dos trabajos distintos es el error estratégico más caro que puede cometer un equipo de producto.
El primer trabajo que el BNPL hace hoy en México es preciso y lo ejecuta bien: permitir a un comprador digital sin tarjeta de crédito fraccionar una compra de entre 300 y 5,000 pesos en un checkout de e-commerce, sin papeleo, en menos de tres minutos. El 50% de los usuarios de Kueski declaró en diciembre de 2025 que habría pospuesto su compra sin esa opción (Buen Fin 2025). Aplazo reporta que los comercios que integran BNPL ven un aumento del 60% en ticket promedio y del 30% en conversión. Ese trabajo tiene propuesta de valor verificable, economía positiva y base de usuarios creciente.
El segundo trabajo —el que justifica las proyecciones de USD 13.85 mil millones para 2031— es diferente y mucho más difícil: convertirse en el mecanismo de acceso al crédito de los más de 60 millones de adultos mexicanos que no tienen ningún producto de crédito formal, incluyendo a quienes compran en mercados, tiendas de barrio y comercio informal. Ese trabajo requiere resolver canales físicos masivos, modelos de riesgo rentables sin historial y tickets con economía positiva en segmentos de ingreso bajo.
El vendedor de ferretería con su papel de crédito informal no necesita un checkout más rápido. Necesita que alguien entienda que su activo de confianza —la relación con su clientela de barrio, que él sí conoce y el Buró no— valga algo dentro del sistema. Eso es un trabajo de inclusión estructural. Y es un trabajo que el BNPL, en su configuración actual, no está contratado para hacer.
¿Ya cruzó el abismo — o sigue atrapado en él?
GEOFFREY A. MOORE — CROSSING THE CHASM
* Moore identificó el “abismo” entre los early adopters y la mayoría temprana. Los primeros adoptan por entusiasmo; los segundos solo adoptan cuando ven que la solución resuelve un problema concreto en su contexto. El “whole product” —no solo la función técnica sino la experiencia completa: conciliación, soporte, devoluciones, integración con inventario— es lo que permite cruzar ese abismo. Muchas innovaciones financieras mueren ahí porque sus operadores confunden la adopción de los más entusiastas con la penetración del mercado masivo.
En e-commerce, el BNPL ya está cruzando el abismo hacia la mayoría temprana: 7% de penetración en el canal digital, presencia en Amazon, Walmart.com y miles de tiendas en línea. Para el comprador joven urbano sin TDC que ya es nativo digital, el BNPL no es una novedad —es la opción obvia. Esa transición está ocurriendo y los datos la respaldan.
En comercio físico, el modelo sigue atrapado en el abismo. La penetración del 1% en punto de venta físico no indica que la adopción está en proceso — indica que el whole product no existe todavía a escala. El cajero de una farmacia en Ecatepec no puede detener la caja para que el cliente abra una app, escanee un QR, complete un formulario y espere aprobación con cinco personas en fila. Eso no es fricción mejorable con mejor UX. Es el whole product incompleto.
Aplazo está apostando por resolverlo con 15,000 comercios físicos afiliados y pagos con QR preaprobado. Kueski lanzó su modalidad en tienda. La dirección es correcta. El ritmo es más lento de lo que los roadmaps contemplan —y ahí es exactamente donde los sesgos conductuales hacen su trabajo.
La vara de valor: quién gana y quién absorbe la cuenta.
FELIX OBERHOLZER-GEE — VALUE STICK
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