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LA MUJER DEL ALBAÑIL. Llegué a ese pueblo solo por trabajo, sin imaginar que ahí terminaría destruyendo una vida entera. Yo era el arquitecto encargado de una obra sencilla, y entre los albañiles contratados estaba José, un muchacho serio, trabajador… y dueño de la mujer que pronto se convertiría en mi obsesión. Blanca, su esposa, solo iba a dejarle comida; pero desde la primera vez que la vi, algo se me clavó tan hondo que ya no supe detenerme. Intenté acercarme, intenté provocarla, intenté que me mirara… pero ella siempre se mantenía fiel y distante. Hasta que la obsesión me llevó a un lugar del que no hay retorno: una bruja del pueblo vecino que, con solo una prenda suya, hizo el amarre que yo deseaba. Después de eso, Blanca llegó a mi puerta una noche, desesperada por estar conmigo, sin recordar que no era su voluntad, sino la brujería lo que la empujaba. Y yo lo permití. Y lo disfruté. José jamás supo la verdad. Solo vio cómo su esposa lo abandonaba sin motivo, mientras él seguía trabajando para mí como si su vida no se estuviera derrumbando. Cuando terminé la obra, me fui del pueblo con Blanca a mi lado, como si ella hubiera elegido ese destino. Hoy está esperando un hijo mío… y aunque jamás lo admití, sé que esa historia nació de un deseo que se volvió maldición. Hay decisiones que se toman en silencio, pero sus consecuencias siguen respirando en la vida de quienes no pudieron defenderse.