MESCO's Layers and Lines · 17 feb 2026 · 5:41
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He escuchado más de una vez el mismo comentario: “el público del Super Bowl no entiende las letras de Bad Bunny.”
Y me hace sonreír.
Porque yo he escuchado sus canciones en Colorado, en New York, en Suiza, en Italia, en Francia. En ciudades donde el español no es el idioma dominante… pero su música igual circula. Igual vibra. Igual se entiende, aunque no se traduzca palabra por palabra.
Y no es solo una intuición personal: “DTMF” fue un éxito inmediato en Europa. Entró directo al top ten en países como Austria, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Polonia, España y Suiza. Llegó al número uno en varios de ellos, incluyendo Francia, Italia, España y Suiza. Y en España, además, siguió ampliando su récord como el artista con más número uno en la historia del país.
Bad Bunny no solo es popular: es un fenómeno cultural que atraviesa idiomas, fronteras y prejuicios. Y por si fuera poco, también se ganó el Grammy a Mejor Álbum. No el Grammy Latino: el Grammy.
Por eso lo que pasó en el Super Bowl no fue “una presentación en español”. Fue algo mucho más serio.
Fue una puesta en escena simbólica.
El show: símbolos en lugar de espectáculo vacío
En años recientes, el Super Bowl se ha convertido en una máquina de producción: escenografías gigantes, efectos, coreografías perfectas… pero muchas veces sin una idea real detrás.
Lo de Bad Bunny fue distinto.
No fue solo energía. Fue concepto.
Y sí: hubo más símbolos, pero yo me quedo con tres, porque me parecen los más poderosos.
1) La familia
Bad Bunny puso la familia en el centro, no como cliché sentimental, sino como núcleo cultural. En un país donde la narrativa dominante suele ser individualista, este gesto se sintió profundamente latino.
2) El matrimonio
El matrimonio apareció como símbolo social, como estructura cultural, como ritual colectivo. Y lo interesante es que no lo presentó como moralismo, sino como escena: como imagen viva.
3) El apagón
El apagón fue, para mí, el símbolo más político. Porque no es abstracto: es historia. Es Puerto Rico. Es precariedad. Es realidad. Es memoria.
América no es un país: es un continente
Uno de los detalles más brillantes fue el mensaje en la pelota:TOGETHER WE ARE AMERICA.
Eso no es un slogan vacío. Es una declaración.
América no es solo Estados Unidos. América es un continente. Y Bad Bunny lo recordó con una frase simple, pero quirúrgica.
Y además lo hizo en español.
Ese fue el gesto: no pedir permiso.
Mujer, independencia, trabajo: una narrativa completa
También me llamó la atención cómo el show resaltó la independencia de la mujer, el trabajo, el matrimonio y la vida cotidiana como valores universales, pero contados desde un lenguaje latino.
No fue una estética “para gustar”.Fue una estética para afirmar.
Y eso, honestamente, me pareció magistral.
Esto también es arte contemporáneo
A mí me interesa mucho cuando algo popular se vuelve una lectura del presente.
Este show no solo fue entretenimiento: fue contemporaneidad. Fue Estados Unidos mirándose a sí mismo y descubriendo que su cultura ya no puede narrarse sin Puerto Rico, sin lo latino, sin el español.
Y esa idea —la cultura como campo simbólico en disputa— es literalmente una de las preguntas centrales del arte contemporáneo.
Lo que viene esta semana
Esta semana publico dos artículos:
Jueves: Room for one color: entra y descubre cómo tu percepción del color cambia para siempre
Este artículo explora cómo Olafur Eliasson transforma el color en una experiencia perceptiva y corporal. A través de la geometría, la luz y la abstracción, el texto reflexiona sobre la percepción visual como construcción activa: el espectador completa la obra y el color deja de ser atributo para convertirse en pensamiento.
Jueves 26: Cómo tres artistas brasileños redefinieron la experiencia estética en menos de una década
Un texto sobre Lygia Clark y su retrospectiva en Kunsthaus Zürich, su relación con Hélio Oiticica, Lygia Pape y el arte cinético venezolano, y cómo redefinió la percepción y la participación en el arte contemporáneo.
Recuerda que estos artículos se publican en mi canal de Substack de manera más resumida, y en versión más extensa en mi web:
https://mariannesucre.wordpress.com
(donde también están disponibles en inglés).
Historias de Alcantarillas: Madrid bajo Madrid
Madrid es una ciudad que se vive hacia afuera: terrazas, cafés, museos, paseos.Pero lo que siempre me ha fascinado es que Madrid también existe hacia abajo.
Bajo sus calles hay otra ciudad: una red silenciosa que sostiene la vida cotidiana sin que nadie la mire.
El Canal de Isabel II se inauguró en 1858, durante el reinado de Isabel II, para resolver un problema histórico: Madrid no tenía suficiente agua potable. Pero lo más interesante es que esta institución no solo gestionó el agua: también impulsó la construcción del alcantarillado desde 1855.
Es decir: no solo trajo agua.También organizó lo invisible.
Y hay algo profundamente contemporáneo en eso: lo que sostiene una ciudad casi nunca es lo que se ve.
Por eso mi serie Alcantarillas nació desde esa obsesión: mirar lo que normalmente ignoramos.
Y sí: tengo disponible la obra Madrid, parte de la Serie Alcantarillas.
Si este texto te acompañó, compártelo con alguien que piense el arte como tú.
Con cariño,
Marianne
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