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A finales de la década de los sesenta, la industria musical estaba cambiando rápidamente. Después de que la fiebre del rock psicodélico tomara a las disqueras por sorpresa y en un punto de transición al tratar de tomar lo que fuera que estuvieran haciendo los Beatles, la industria tuvo una solución brillante: si no queremos batallar con las bandas para encontrar lo que queremos, ¿por qué no creamos nuestras propias bandas? Con el éxito de The Monkees y el hitazo de Sugar Sugar de los Archies, se dieron cuenta que no necesitaban bandas reales, sólo gente que les vendiera canciones y quienes las interpretaran. Esto, en conjunto con la popularidad del rock psicodélico y el ascenso del bubblegum pop, desencadenó en la creación de un montón de bandas con nombres estridentes y con poco registro. Varias tuvieron uno que otro hit antes de caer en el olvido, pero solo una persona apareció en 15, con grupos distintos, y, un año, en cuatro hits de cuatro grupos al mismo tiempo: Tony Burrows.