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David mira su palacio de cedro y las cortinas donde habita el arca, y le nace un deseo bueno, construirle casa a Dios. Esa noche la palabra del Señor corrige a Natán y voltea el deseo al revés. Dios responde con la misma palabra que David usó, casa, pero pensando en una dinastía y no en un templo. De esa vuelta nace la promesa que llega hasta Belén. La casa que Dios edifica es el capítulo que le da nombre a toda esta serie, y su versículo 16 sostiene el resto. Aquí se decide si sirves por gratitud o por pago, y si tu seguridad descansa en tu desempeño o en la fidelidad de Dios, que no se cayó cuando la dinastía se quebró. Vale la pena escucharlo. Una producción de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia en Santa Marta, Colombia.