¿Es malo perseguir la riqueza? Una reflexión bíblica sobre el trabajo, el afán de acumular y la fe que nos ayuda a reconocer cuándo es suficiente, cuidar a nuestra familia y poner a Dios en primer lugar.¿Conoce usted personas a las que nunca les es suficiente? Trabajan, producen, compran, acumulan. Y cuando parece que ya podrían detenerse un poquito a disfrutar lo que tienen, encuentran otra razón para seguir corriendo.También hay personas que están sentadas con la familia un domingo por la tarde, pero su cabeza ya llegó al lunes. Todavía no empieza la semana y ya se echaron encima los problemas del martes, del miércoles y del jueves. El cuerpo está en la casa; la mente sigue trabajando.Ahora piense en alguien que sabe cerrar su jornada y estar presente. Un hombre que puede pasar del modo trabajador al modo papá, esposo, amigo. Una mujer que termina sus responsabilidades laborales y tiene espacio para compartir con los suyos. Tienen mucho o tienen poco, pero saben disfrutar la vida que Dios les dio.¿Qué recordarán nuestros hijos? ¿Solamente que había cosas en la casa, o también que había tiempo para ellos?Hoy quiero que revisemos una pregunta que puede incomodarnos: ¿estamos trabajando para sostener la vida o estamos entregando la vida entera al propósito de tener más?
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