Poco a poco, cada vez hay
más espacios sin niños. Hoteles, restaurantes, cruceros, pero ya ha llegado a
vuelos, trenes, incluso a la vivienda. Lo que empezó como una oferta turística se ha convertido en un fenómeno, porque
detrás de la etiqueta 'solo para adultos' hay un cambio social mucho más profundo. La pregunta es: ¿qué dice de nosotros que cada vez queramos
compartir menos espacio con los niños? Lo analizamos con
José María Robles, periodista de
EL MUNDO autor del reportaje
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