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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

780 La Odisea (2/3) (Homero)

Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda · 3 ago 2026 · 15:31

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Juan David Betancur Fernandez
elnarradororal@gmail.com

Después de navegar un largo trayecto sin rumbo fijo llegaron a la isla de Eolo, soberano de los vientos. Esta era una isla flotante que estaba protegida por un muralla de bronce indestructible. Eolo era quien comandaba los vientos y las tormentas acogió a Odiseo  y sus hombres y le permitió vivir allí por un mes entero, fascinado por los relatos sobre la guerra de troya de aquel héroe. Cuando Odiseo decidio continuar su viaje Eolo que deseaba ayudar al héroe a regresa a casa  le entrego un odre de buey que encerraba los vientos tempestuosos, dejando libre solo la brisa del oeste para guiar las naves a Ítaca. 

Tras nueve días de navegación constante, cuando las costas de su hogar eran visibles , la tripulación sospechó por codicia que el zurrón guardaba oro, Cansado tras no haber soltado el timón en nueve días, Odiseo se rindió al sueño. En ese momento, sus hombres, dominados por la envidia y la desconfianza, empezaron a murmurar entre ellos pensando que Odiseo guardaba en la bolsa de piel grandes tesoros de oro y plata regalados por Éolo que no quería compartir. 

Desataron el nudo del odre y todos los vientos huracanados escaparon de golpe. La tormenta desatada arrastró inmediatamente los barcos de vuelta mar adentro, lejos de Ítaca y de regreso a la Isla de Eolia. 

Cuando Odiseo volvió a suplicar la ayuda de Éolo, este, indignado, lo expulsó de la isla diciéndole que debía estar maldito por los dioses y que no ayudaría a alguien a quien las divinidades aborrecían. 

Tras ser expulsados con desprecio por Éolo, la moral de los hombres estaba por los suelos. Ya no tenían vientos favorables, por lo que tuvieron que remar sin descanso día y noche durante seis días. 

Al séptimo día, llegaron a la tierra de los Lestrigones  

Odiseo envió a tres exploradores para averiguar qué clase de gente habitaba la zona. En las afueras de la ciudad, se encontraron con una joven que sacaba agua de un manantial, la hija del rey Antífates. Ella los guió hacia el palacio de su padre. 

Al entrar, los exploradores quedaron horrorizados: la reina era tan gigantesca como la cumbre de una montaña. Inmediatamente llamó a su esposo, Antífates, quien atacó a los griegos sin mediar palabra. Atrapó a uno de los exploradores y se lo comió vivo allí mismo. Los otros dos echaron a correr aterrorizados de vuelta a la playa. 

El rey Antífates dio la alarma por toda la ciudad y miles de lestrigones —que no eran hombres, sino gigantes monstruosos y caníbales— corrieron hacia los acantilados que rodeaban el puerto. 

 

Este  sería, con diferencia, el desastre militar más sangriento y devastador de todo el viaje de Odiseo. 

Desde fuera de la bahía, Odiseo escuchó el crujir de los barcos y los gritos desesperados de sus hombres, pero comprendió que el puerto era una trampa mortal y no había forma de salvarlos. 

Sacó su espada, cortó rápidamente el amarradero de su barco y ordenó a sus remeros que remaran con todas sus fuerzas para alejarse de los acantilados. 

El barco de Odiseo fue el único que logró escapar. Los otros 11 barcos quedaron completamente destruidos y toda su tripulación fue masacrada y devorada. De una flota de 12 naves y más de 500 hombres, ahora solo quedaba una sola nave con un puñado de sobrevivientes traumatizados. 

Después de esto Odiseo y los pocos hombres que le quedaban en su barco llegaron a la isla Eea. 

Tras descansar un par de días, Odiseo vio a lo lejos una columna de humo que salía de un denso bosque. Dividió a los sobrevivientes en dos grupos: uno bajo su mando y otro guiado por su cuñado y capitán de confianza, Euríloco. 

Sortearon quién iría a explorar y le tocó al grupo de Euríloco con22 hombres. Al internarse en el bosque, encontraron el palacio de piedra pulida. Era el palacio de una bruja llamada Circe. Alrededor de la casa vagaban leones y lobos, pero en lugar de atacar, se comportaban de forma extraña: se acercaban mansos, moviendo la cola como perros domésticos ( 

Desde dentro del palacio se oía a Circe cantar con una voz celestial mientras tejía un gran telar. Los hombres la llamaron y ella salió a abrirles la puerta, invitándolos a entrar. 

Todos entraron fascinados excepto Euríloco, que presintió una trampa y se quedó afuera vigilando desde las ventanas. Circe sirvió a los griegos un manjar de queso, cebada, miel y vino tinto... pero mezcló en la comida un pálido veneno mágico. Tan pronto como comieron: 

Euríloco corrió aterrorizado de vuelta a la nave para contarle a Odiseo que sus hombres habían desaparecido dentro del palacio. 

Odiseo no lo dudó: agarro su espada, tomó su arco y marchó solo hacia el palacio para rescatar a su tripulación. En el camino por el bosque se le apareció el dios Hermes (el mensajero de los dioses), disfrazado de un joven apuesto. 

Hermes le advirtió del peligro y le dio la clave para no caer bajo la magia de Circe: 

Hermes se agacho y arrancó

Episodios: Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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