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MAÑANAS CON EL ESPÍRITU SANTO 7 de septiembre LA BATALLA ME PERTENECE «No luches contra carne y sangre. Ven a Mí, porque la batalla es Mía. Cuando te dejas arrastrar por acusaciones centradas en destruir la reputación de otros, simplemente estás cayendo en manos equivocadas. Aquello que busca robar, matar y destruir no posee Luz y, por tanto, tampoco bien alguno. Estás desgastándote en conflictos que no se pueden ganar en este momento. Permíteme tomar el control. Algunas batallas se ganan al instante, mientras que otras requieren mayor perseverancia. Esperá en Mí. Soy paciente con los corazones de las personas. No tengo una apisonadora en Mis manos. La forma en que deseas que se resuelvan las cosas puede no ser la correcta. Recuerda: Yo veo lo invisible. Permíteme mostrarte las perspectivas que te estás perdiendo. Mi gloria rodea estas mismas situaciones, y Mi voluntad para tu vida te llevará a la victoria. Mantén limpios tus manos y tu corazón. No permitas que las palabras del enemigo se repitan en tus labios». ESCRITURAS EFESIOS 6:12 “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” 2 CRÓNICAS 20:15 “y dijo: Oíd, Judá todo, y vosotros moradores de Jerusalén, y tú, rey Josafat. Jehová os dice así: No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande, porque no es vuestra la guerra, sino de Dios.” SALMO 27:14 «Espera en el Señor; esfuérzate y aliéntese tu corazón». ORACIÓN Padre, entrego toda batalla que he intentado librar con mis propias fuerzas. Recuérdame que mi lucha, en última instancia, no es contra carne y sangre. Cuando surjan acusaciones, malentendidos o ataques en mi contra, evita que me consuma el deseo de defenderme. Señor, toma el control de las batallas que no puedo ganar mediante el esfuerzo humano. Dame paciencia cuando la victoria no llegue de inmediato y perseverancia cuando Tu proceso tome más tiempo del que esperaba. Ayúdame a confiar en que estás obrando en las circunstancias y en los corazones, aun cuando todavía no vea pruebas de ello. Muéstrame las perspectivas que me faltan. Tú ves lo que está oculto para mí; por eso, dame Tu sabiduría en lugar de permitir que mis emociones determinen mi respuesta. Enséñame a desear Tu desenlace por encima de mi propia versión de la solución. Sobre todo, mantén limpios mis manos y mi corazón. Guarda mi boca para que no repita acusaciones, amargura ni palabras que pertenecen a las tinieblas en lugar de a Tu Reino. Dejo ir la batalla. Dejo ir los tiempos. Dejo ir el resultado. Dejo ir la necesidad de defenderme a cada paso. Esperaré en Ti. Que Tu gloria rodee lo que no puedo controlar, que Tu sabiduría guíe lo que sí puedo, y que Tu voluntad me lleve adelante sin que la amargura manche mi corazón. La batalla Te pertenece. Y confío en Ti para la victoria. En el nombre de Jesús, amén. CONFESIÓN PROFÉTICA No permitir que las palabras del enemigo se repitan en mis labios